jueves, 10 de abril de 2008

La innovación y los niños

Esta tarde he asistido a una conferencia sobre innovación que impartía Fernando Trías de Bes, coautor junto a Philip Kotler del libro Marketing Lateral.


En un momento de su ponencia, Trías de Bes indicaba que la innovación aplicada al marketing (el marketing lateral) consiste en un proceso que se divide en tres partes:

  • Fijación del foco en algo que requiera nuestra atención: por ejemplo, una Flor.
    • ¿Qué problema tienen las flores? Que se mueren.
  • Desplazamiento lateral: Busco una solución, aunque sea (o parezca) imposible
    • Estaría bien crear o encontrar una flor que nunca muera
    • Esta solución es imposible, no es lógica. Yo sé que las flores se mueren. Se ha creado en mi mente un hueco lógico, una paradoja.
  • Buscar una solución o alternativa. Rellenar el hueco.
    • Por ejemplo: Creo una flor de plástico ==> Esta "flor" no se morirá nunca.
La verdadera innovación según Trías de Bes nace en la segunda parte del proceso, en la búsqueda de soluciones (aunque sean absurdas) que rompan con lo establecido: en el salto lateral.
Los seres humanos nos regimos habitualmente por normas estrictas que hemos ido almacenando en el cerebro (paradigmas, costumbres) de forma consciente o inconsciente y que nos impiden valorar algunas soluciones porque a priori "son imposibles".
La tercera parte del pensamiento creativo es más racional y analítica: "sólo" trata de buscar una solución, un enlace. Trata de poner lógica a lo ilógico, a lo imposible.

Más adelante en su exposición, Trías de Bes ha hablado de la similitud de la innovación con el humor. Innovar, para él, sigue el mismo proceso que contar un chiste.
Cuando te cuentan un chiste, escuchas una historia y en alguno de los momentos, te das cuenta de que se ha producido una paradoja, un desplazamiento lateral, algo ilógico que ha generado confusión o una situación graciosa.
Es en ese momento cuando "pillas" el chiste y te ríes: acabas de cubrir el hueco.

Llegado a ese punto me he acordado de los niños, y de la relación que tienen con la innovación.
Los niños son unos innovadores excelentes, son máquinas de generar ideas ingeniosas hasta que prostituimos su cerebro con nuestras normas de adulto: "no digas eso, que son tonterías".
En el momento en el que un niño deja de tener ideas "creativas", se ha hecho mayores: ha madurado.

Un niño podría pensar perfectamente que sería un gran invento el padre o la madre de alquiler, que me permita jugar con ellos siempre que quiera sin preocuparme de lo ocupada u ocupado que están mi mamá o papá titulares con su trabajo.
También piensa que con una tirita se podría curar a su juguete favorito cuando se ha roto -al igual que cuando él se corta-, y no entiende cómo la tienda de la esquina está siempre vacía... ¡Con lo fácil que parece vender todo "a una peseta" para que todo el barrio entre en mi tienda! ¡Eso me haría rico!

Los mayores destacamos (y no siempre) en la búsqueda de los enlaces, de las soluciones; en rellenar el hueco que han generado las paradojas. Los niños son especialistas en generarlas.

Al menos para mí, con el humor pasa lo mismo. Los niños pequeños no entienden los chistes a la primera: hace falta explicárselos varias veces hasta que lo logran comprender. No ven las paradojas porque su mente no está entrenada para ir por el carril de lo establecido. Precisamente por eso, son tan buenos innovando.

La conclusión que he sacado esta tarde es que para obtener ideas innovadoras, hay que razonar como un niño y luego enlazar como una persona mayor (por ejemplo, un ingeniero).

Piensa como un niño para obtener respuestas diferentes.

Read more...

Personalizado a partir de la plantilla Newspaper III de Ourblogtemplates.com 2008

Volver arriba